INSTRUCCIONES
Para leer mis versos,
tendrás primero
que cortarte los d
e
d
o
s.
Cierra bien los ojos,
mira por los oídos,
toca con la boca.
Acaricia mi voz desnuda
-huérfana de silencio-
con tu lengua.
Ponte la mano en el pecho
y la luna de los segadores
en el cuello.
Para que mi voz viva,
sin vida, en la tuya.
DOLOR
Es esto: una palabra sin rumbo,
perdida, sin dueño.
Un verso desmedido.
Esto: pronombre demostrativo,
un árbol, un yunque.
Es esto, que siéndolo todo no es nada.
¿Qué es esto?
-Soy yo, el dolor,
un triángulo de siete picos,
un reloj sin agujas,
el aire que no puedes abarcar,
el agua que no puedes retener.
Soy yo, la contraportada, lo último,
aquello que queda siempre,
el poso de tu vida.
Soy yo, esto, ahora
o mañana como muy tarde,
pero siempre siempre,
eterno como la muerte,
soy yo, el dolor,
el olvido que persigue a tu recuerdo,
la tormenta permanente,
las flores de tu tumba,
lo último que te llevarás a tus sueños
cuando duermas eternamente-.
Angustia.
VEREDICTO: CULPABLE
No fue ella ni fuiste tú,
ni las dos,
que sois la misma
reflejadas en otro espejo
y otro segundo.
No fue él ni fui yo,
ni los dos,
que somos el mismo
reflejados en otros ojos
y otro tiempo.
No fueron ni ella ni él,
ni tú ni yo,
ni el pronombre ni el nombre,
ni el silencio ni el grito,
ni el oxígeno enjaulado del canario
ni el agua apresada de la nevera.
No fueron ni ellos ni nosotros,
ni la tierra, ni el fuego, ni la noche,
los culpables.
IMPRESION
Me siento el hemipléjico Baudelaire
de principio de milenio,
el poeta maldito condenado
a la ausencia de la palabra
exacta y precisa muerte
del hombre
que deshoja las flores del mal
en el ataúd de su boca.
ECUACIÓN.
Le he dado la vuelta al mundo,
la cama y la almohada.
He repasado calles, meses
y cuentas.
Y de nuevo
he borrado todo para empezar
de cero.
A ver,
a ti te he llamado
x. Sé que te gusta
más Sara, y que es mucho
más bonito Ariadna, pero x es nombre
de incógnita por antonomasia, y tú eres mujer
por definición.
Entonces, cuando los maniquís,
las escaleras de tu casa, e
incluso el humo de otros
cigarros te reconocían
como x, me he puesto a tu lado
y me he llamado y. Sé que tampoco me pega,
pero suena más técnico y preciso
que llamarse Antonio,
y esto es una cosa muy seria.
Entre ambos, sumados,
restados, multiplicados, divididos
e imaginados:
tus bares, mis cervezas,
nuestros discos,
tus sonrisas, mis sueños,
nuestros libros,
tus quejas, mi aliento,
nuestra poesía,
tus fonemas, mis palabras,
nuestro destino...
Como decías que tenías dudas, siguiendo
los consejos de aquellos
maestros a los que no recuerdo
más que como un montón
de consejos,
e intentado aislar la x
para despejarla.
He pasado todo al otro lado
y lo he cambiado
de signo,
aunque hay cosas que no cambian
las pongas donde las pongas.
Propiedad conmutativa:
el orden de los corazones
no altera el amor.
El resultado era el mismo
de antes
de darle la vuelta
al mundo, la cama
y la almohada,
de repasar calles, meses
y cuentas,
de borrarlo todo para empezar
de cero
otra vez.
Después
de tirar el boli confundido
he cerrado los ojos como tantos bares
para ver la huella
de tu mirada
y el rastro que en ella deja el alma:
La cuenta está bien hecha.
Repásala tú.
EVAPORACIÓN/CONDENSACIÓN
A veces siento
que me sobra el cuerpo.
Entonces cierro los ojos
y sueño que soy la porción de aire
que agitan tus caderas
bamboleantes cuando bailan,
cuando tiemblan
al ritmo anárquico de la lluvia.
Y pienso que soy el viento húmedo
que cosquillea tu carne
con un febril escalofrío.
Y siento que soy un leve aire,
la columna de fuego
que intenta ser tragada
por tu boca, inefable,
cuando hablas
a través de la concupiscencia inconsciente
de tus labios.
EPÍLOGO.
Esbozo del silencio y la palabra.
Quizás uno de tus silencios
tome forma
en el papel para crear mis próximos versos,
y aún sin verlos podrás leerlos,
y aún sin voz
el aire suspirado de tu boca
lo hará palabra
irrumpiendo
como un frente cálido en el invierno seco
que nos asola.
Quizás, un día de estos, haga poesía
de lo auténticamente bello
y me decida hacer de tus silencios
mis próximos versos:
, ,
,
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