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Durmiendo en azoteas:
Pablo Ager nos invita a soñar con alas de papel

por Claudio J. Cerdán

Desde hace un tiempo me cuesta distinguir algunas maquetas de discos “de verdad”, de los que se venden en tiendas. Se trata de trabajos muy cuidados, con un gran sonido, libro con las letras de las canciones, e incluso invitados estelares. Un ejemplo de esto es Durmiendo en Azoteas, de un jovencísimo Pablo Ager. Atentos a su nombre porque pronto dará mucho que hablar.


Con un estilo a mitad de camino entre el rock clásico y el cantautor moderno, Pablo Ager nos sorprende desde el primer tema. Si te veo caer abre el disco a ritmo de guitarra eléctrica, lo que es un indicativo de lo que nos vamos a encontrar más adelante. En esa línea nos encontramos Miss Utopía, y Habitación a oscuras, un pop-rock de la vieja escuela.

Xerostomía es uno de los títulos más extraños para una de las mejores canciones del disco, una suerte de balada nostálgica sobre la redención. Del mismo tipo es la original Gilda, cantada junto al cantautor Jorge Marazu. Es imposible no enamorarse de la chica de la canción, aunque sea en blanco y negro, aunque puedas mirar pero no tocar.

Marazu no es el único invitado con el que Pablo Ager canta mano a mano. Nunca te olvido es una canción triste y melancólica cantada junto a Marwan, mientras que Alambradas destaca como una de las mejores letras del disco, en este caso acompañado por Luis Ramiro.

Y como todo cantautor, tiene su parte de canción protesta. Cenizas nos habla de la guerra, pura y simple, y el resultado final, mientras que 11 llamadas es una de las canciones más respetuosas que he escuchado sobre el 11 de Marzo. En este tema las guitarras eléctricas lloran al compás de una letra que se limita a contar lo que pasó, sin juicios de valor ni sentimentalismo.

Cierran el disco temas como Corazón, que nos habla de ti y de mí, de lo que somos; Demasiado, de nuevo nadando en la tristeza más profunda; y Simetría, canción muy corta y sin estribillo a medio camino entre el flamenco y los juglares de antaño.
En cuanto al diseño, se agradece el libro con las letras de las canciones e incluso la galleta del CD. Sin embargo, tiene algunos fallos y en ocasiones te cuesta distinguir las letras del fondo.

En definitiva, un disco que según quien lo escuche lo catalogaría de pop-rock o de música de autor. Estamos ante un producto elaborado con mucho esmero, más cercano a un disco comercial que la maqueta autoeditada. Y si tiene una calidad tan buena, ¿a quien le importa que no lleve código de barras?

Claudio J. Cerdán