LIVING ROOM CONCERT
En Holanda y Bélgica desde hace algún tiempo se está organizando un curioso movimiento cantautoril denominado “Living Room Concerts”, o lo que es lo mismo “Conciertos de sala de estar”. Esta iniciativa consiste en que un grupo de personas ofrecen sus casas para realizar allí conciertos de cantautores, sean estos conocidos o no. Al evento tiene acceso libre todo aquel que pague la entrada, si exactamente, todos, sin importar si el visitante conoce a alguien o no. De esta guisa, uno llega al hogar señalado y puede disfrutar de la velada en el salón convertido en sala de conciertos mientras que hace las visitas deseadas a la cocina y el frigorífico del anfitrión, convertido en improvisado bar autoservicio.
En España aun no ha llegado esta ocurrencia, aunque bien es cierto que el mundo de la canción de autor si que se parece a veces al living room de un holandés, ya que algunos conciertos en salas madrileñas recuerdan más bien a una reunión de amigos en un salón . Este hecho, obviamente no es nada negativo, disfrutar de un rato con los amigos compartiendo la música siempre es algo agradable, sin embargo el problema llega cuando lo vemos desde una óptica diferente.
Muchos son los que critican la falta de apoyos a la música de autor, hecho que está impidiendo que cantautores que tienen mucho que decir y que ofrecer al panorama musical queden relegados en el olvido esperando que alguien se fije en sus maquetas o que el productor adecuado vaya el día apropiado al concierto perfecto. Si, para que engañarnos, la cosa no es que esté en su mejor momento . Sin embargo, en este punto en el que la música de autor requiere más que nunca de canales de comunicación hacia el exterior, no estaría de más pensar en si el propio mundillo se está convirtiendo en algo más y más endogámico , cada vez más difícil de acceder por aquellos que están fuera. Parece como si los cantautores nuevos dieran la batalla del reconocimiento por perdida y se sientan ya desde un primer momento adalides del ostracismo, estado en el cual quizás da igual si se da un concierto con voluntad de llegar a toda persona anónima que pueda ir o sólo cantar para tus amigos, cantautores también, como si de una reunión en familia se tratara.
Para nada está mal sentirse en familia, si algo caracteriza a un concierto de cantautores es su cercanía con el público, quizás el problema esté en traspasar esa fina línea que separa algo familiar de algo hecho para la familia.
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Mick Hart en una actuación de "Living Room Concert" en algún salon de algún hogar de Rotterdam
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